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lunes, 28 de mayo de 2012

El tiempo como concepto físico


La física actual establece la existencia del Tiempo como una dimensión del Universo, desde Einstein hacia acá. A nivel subatómico y a nivel galáctico, es una clasificación fundamental.

 Como ejemplo, no se puede hablar del volumen de un átomo si no se tienen en cuenta las órbitas de los electrones moviéndose en el tiempo, pues el volumen atómico es el espacio que encierran esas órbitas respecto del núcleo al girar continuamente.
Pero por otro lado, la consideración del Tiempo como una magnitud tiene sus problemas. Así como los ejes espaciales de las tres primeras dimensiones (X como distancia horizontal, Y como altura y Z como profundidad) pueden tener valores expresables en forma negativa, se pueden repetir y volver a representar, el tiempo no lo puede hacer.
Definamos el Tiempo Físico, y luego analicemos sus límites.


El tiempo físico
Es la duración de las cosas sujetas a mutación. También es la duración de los fenómenos en que esas cosas están implicadas.
Durante el Tiempo, las manifestaciones del Universo acaecen, acontecen, suceden.
Un diccionario enciclopédico-científico define el tiempo como un vector unidireccional constante y cuantificable. Esta definición nos es muy útil, puesto que asegura que el tiempo es un parámetro físico susceptible de ser graficado, justamente como una recta que avanza en una sola dirección: hacia el futuro.
Y también es medible: todos sabemos que los segundos, minutos, horas, días y años son constantes (hay excepciones, que permitirán futuros post), y tienen relación entre sí.
El concepto en sí no es del todo claro, pues el tiempo no es susceptible de ser captado por nuestros sentidos en forma simple. Podemos detectar sus efectos, pero no su esencia. Para mayor simplicidad, se puede determinar una distancia (espacio) con el sentido de la vista, por ejemplo, pero no el tiempo en sí.
Otro ejemplo: podemos detectar el calor por el sentido del tacto, pero necesitamos instrumentos para detectar el magnetismo, salvo que observemos sus efectos, así como necesitamos un reloj para determinar el transcurso de una hora.
Es de hacer notar que gran parte de las unidades de medición del tiempo se han establecido por convención, es decir, por consenso entre las personas e instituciones que lo han estudiado. Pero otras unidades, como el día y el año, están sujetas a la naturaleza de nuestra situación planetaria. En nuestro caso, se manifiesta claramente a nivel genético el ciclo circadiano, y en los vegetales, el ritmo anual está claramente presente.
Ya iremos viendo en futuros post cómo las distintas culturas que existieron o existen elucubraron sus distintos conceptos y formas de medir del tiempo, acorde a sus necesidades.

Salutem, cives mundi.
Orlando Ampuero

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